Cristianos y musulmanes en la Extremadura de la Alta Edad Media

A lo largo de la Historia han existido personajes que por sus actos han movido la imaginación de los demás y han sido representados en numerosas ocasiones por sus semejantes y contemporáneos como ejemplos de comportamientos o actitudes. También a lo largo de la Historia se han vertido sobre colectivos enteros ciertas ideas o imágenes erróneas o no que han sido utilizadas ventajosamente por otros grupos. A lo largo del periodo medieval encontramos muchos de estos ejemplos en la literatura como por ejemplo Guillermo el Mariscal, descrito por Stephen Langton, arzobispo de Canterbury (1207 – 1228) como el “más grande caballero que jamás vivió” o el Mio Cid, símbolo de la caballería castellana. Sin embargo ha habido otros que encarnaban otra serie de ideales quizás menos altos, aunque necesarios, como por ejemplo la perfidia y el engaño. Un ejemplo recurrente a lo largo de toda la cronística hispanocristiana medieval es el caso de Mahmud ben Abdelchabbar, rebelde emeritense del violento siglo IX que se levantó en armas contra Abderramán II en  la ciudad de Mérida. La vida de este personaje está recogida por todas y cada una de las crónicas cristianas de época posterior en el tiempo a él comenzando por la Crónica de Albelda y terminando en la Crónica General de España de Jiménez de Rada por determinar un fin. En todas ellas siempre se repite la misma cadena de acontecimiento, la llegada de Mahmud a la corte de Alfonso II, su estancia en ella por siete o dos años, la posterior rebeldía del musulmán contra su nuevo señor y la caída de este vencido por Alfonso quien manda que le corten la cabeza. Esta sucesión de acontecimientos es narrada por todas ellas mientras que otros hechos similares como por ejemplo la estancia de Ibn Marwan “el Gallego” en la corte de uno de los sucesores de Alfonso II, Alfonso III, es omitida por muchos de los cronistas ¿Qué existe de diferente entre estos dos casos? Mientras que en el primero Mahmud se rebela contra Alfonso II, Ibn Marwan colabora con él y se mantiene fiel a sus pactos, por tanto no encarna la perfidia o el fraude, cualidad principal de los musulmanes como grupo, que se destaca en las llamadas crónicas mozárabes, especialmente el fraude. Sin embargo Mahmud encarna a la perfección el segundo elemento que es la traición y la impostura. En palabras de Ron Barkai “sirve de ejemplo (de esta perfidia) el rebelde Mahazmuth, a quien Alfonso el Casto le diera asilo, pero que siete años más tarde se levantó en armas contra su benefactor”. Y esta imagen negativa y peyorativa es narrada en todas y cada una de las primeras crónicas medievales además de en otras obras modernas e incluso actuales de la historiografía española.

Las acciones que se llevaron a cabo durante su rebeldía fueron compartidas con un muladí, Suleyman. Ambos asesinaron al gobernador de Mérida, padre de Ibn Marwan, y declararon la infidelidad a Córdoba por parte de la ciudad de Mérida, eminentemente muladí y mozárabe. Ambos se levantaron en armas y resistieron un fiero asedio por parte del emir cordobés. Ambos, una vez derrotados en Mérida, recorriendo el campo extremeño y portugués refugiándose en distintos “husun” o fortalezas en alto y finalmente y concretamente esta vez, Mahmud, se refugió en Asturias bajo el amparo del cristianísimo Rey Casto. Por tanto Mahmud, en este caso y aunque de origen étnico bereber estuvo más cerca de los muladíes que de su propia raza y más importante aún, fue un claro precedente para su sucesor en la rebeldía lusitana contra Córdoba, Ibn Marwan, llevando ambos vidas casi paralelas.

Esta perfidia se encuentra plenamente documentada en todas las crónicas cristianas, como ya hemos mencionado, y todas las menciones responden a una misma intención, el intento por crear una imagen colectiva de los musulmanes sustancialmente negativa, incluyendo en esta, por supuesto, al colectivo muladí. Es evidente la utilidad de esta imagen para el hecho de llevar una guerra justa contra ellos, más allá de la evidente guerra santa, no tan bien expresada ideológicamente durante la Alta Edad Media como lo llegaría a estar durante el período Plenomedieval. En definitiva, es una justificación de la violencia generada sobre ellos y el aprovechamiento de un personaje que significativamente alcanza ese perfil de traidor a un rey que lo acogió con bondad e incluso le proporcionó unos amplios territorios. La Crónica de Albelda, parca en palabras nos describe la acogida del rebelde emeritense con las siguientes palabras: “fue acogido por el rey. Pero después, con perversión, se rebeló en el castillo de Santa Cristina de Galicia”. Con perversión, afirma el cronista, no cabe duda de la perfidia y el engaño del personaje, que una vez instalado en sus tierras decide volver a la fidelidad del emir. La Crónica sabe utilizar a la perfección las distintas palabras, el vocablo sarraceno tiene en esta Crónica de Albelda un matiz peyorativo. El término caldeo figura principalmente cuando se relata una derrota musulmana o la destrucción de su ejército. El término ismaelita aparece por lo general en contextos religiosos. Esta primera imagen dada por la primera crónica hispanocristiana peninsular queda fijada en la mentalidad colectiva de la época y es reproducida en todas las siguientes adscritas a todos los grupos que poblaban al-Andalus, ya hemos visto como en la descripción del muladí Muza el factor del engaño es decisivo para obligarle a abandonar la fe cristiana y abrazar la islámica, convirtiéndose, inmediatamente, en enemigo. Sin embargo y quizás esta Crónica sea la más justa con los acontecimientos que más tarde menciona ya que es la única que menciona, aunque nunca directamente, la estancia de Ibn Marwan y más concretamente la expedición que realiza este junto a Alfonso III, quien “corrió la provincia lusitana, devastándola, hasta el castillo de Nepza. Pasó el Tajo, alcanzó a Mérida, a diez millas de la cual vadeó el río Ana y llegó al monte Oxifer”. Expedición brillantemente estudiada por el maestro Sánchez-Albornoz en su obra Orígenes de la nación española. El reino de Asturias. Sin embargo este silencio con respecto a las hazañas y la colaboración de Alfonso con Ibn Marwan sigue el objetivo principal de la Crónica el fervor entusiasta que transmite al hablar de Alfonso III. Por tanto es lógico que esconda este tipo de acontecimientos y ensalce otros que denigren la figura del musulmán para legitimar y justificar los avances conquistadores y repobladores que estaba llevando a cabo Alfonso III aprovechando el desorden interno andalusí.

Como es lógico las dos siguientes crónicas hispanocristianas mantuvieron este mismo sentido y objetivo, aunque expandieron el acontecimiento. La Crónica de Alfonso III en su versión Rotense nos cuenta el acontecimiento de Mahmud con las siguientes palabras:

“Luego en un tiempo posterior, un hombre nombrado Mahmuth de la blanda nación emeritense, que se había rebelado contra su rey, llamado Abderrahman, con el que sostuvo muchos encuentros que pusieron en fuga sus tropas. Cuando ya no podía habitar en su patria, se fue a la del rey Alfonso que le acogió con todos los honores. Y durante siete años vivió en la provincia de Galicia con su séquito. En aquel lugar, lleno de soberbia y ostentación, conspiró contra el rey y la patria”

De nuevo las imágenes que ya vimos en la Crónica de Albelda se repiten en esta, la perfidia y el engaño al levantarse contra el rey que le acogió con todos los honores es claramente manifiesta, de nuevo la intención de estas crónicas realizadas bajo el gobierno del rey Alfonso III pudo más que cualquier otra orientación, de hecho la versión rótense de la Crónica de Alfonso III se supone escrita directamente por Alfonso III en opinión de Sánchez Albornoz y Gómez Moreno; Menéndez Pidal, en cambio, cree que Alfonso III no la escribió, sino que sólo la sugirió. De todos modos el monarca estuvo involucrado en la creación de dicha obra y por tanto responde a unos determinados fines, uno de ellos la creación de una imagen negativa del musulmán para de esta manera justificar y legitimar sus avances militares, aun cuando a través de otros documentos conocemos la colaboración que este monarca tuvo con grupos muladíes como los zaragozanos y emeritenses. Esta versión hace referencia al origen de Mahmud, asunto que omitía la Crónica de Albelda, quizás dándonos a conocer la condición de muladí del líder rebelde, ya que Mérida estaba casi siempre en revolución: los cristianos de esta ciudad estaban en correspondencia con Ludovico Pío y se concertaban con él y por tanto tenía un carácter manifiestamente proclive al cristianismo o al menos anti-omeya. Desde luego gran parte de las rebeliones emeritenses durante el período formativo andalusí tuvieron como protagonistas a muladíes o mozárabes y es que los cristianos de Mérida se alzaron contra Abderramán II por dos veces; una en el año 827, en inteligencia con Ludovico Pío, rey de los Francos, y otra en 835, de acuerdo con los cristianos de Toledo.

Sin duda todas estas noticias nos muestran un agitado escenario altomedieval en Extremadura. Algunos de los personajes que nacieron en aquella época tuvieron un preponderante papel a la hora de formar la imagen de todo el grupo al que pertenecieron además de ser una zona de especial relevancia para el desarrollo de la Historia de la Península Ibérica.

Para saber más:

  • TERRÓN ALBARÁN, M. Extremadura Musulmana. Badajoz 713 – 1248. Badajoz. Comisión Ejecutiva VII Congreso Nacional de Comunidades de Regantes. 1991. p. 46.
  • BARKAI, R.  Cristianos y musulmanes en la España medieval: el enemigo en el espejo. Madrid. Rialp, 1991.

 

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